lunes, 18 de agosto de 2025

La portada (Historias de un casi algo)

Elegí el libro por la portada

sin leer el prólogo.

Nunca imaginé que la trama fuera

la guerra.


Eché un vistazo y

pasando las páginas

me corté el dedo.


Empecé a sangrar


y a sangrar,

y a sangrar,

y a sangrar…


Una línea recta

sobre una geometría dactilar,

que rozaba cada hoja

con mimo y ternura.


Tenía hambre,

para que luego digan que no se come por

los ojos.


La herida que

no supura ni sutura, no dejaba de escocer.

Contra más sangro,

más ansia de leer.


Y noto que

tengo la mano fría.

Noto tu boca

contra la mía.

Yo que te iba a hacer santería,

de noche y de día.

Leyendo tus alegrías.

Tus peores versiones,

la monotonía.


Prosa y verso,

beso. ¿Ves eso?


Una mano llena de cortes.

No me puse guantes,

(que ya no soy el de antes).

Porque el tacto que,

aún sabiendo que es venenoso,

me volví adicto.

Como cuando pruebas por primera vez el pecado.

Tu la serpiente,

yo Eva a su lado.

La manzana a bocados.


<< Te voy a hacer mucho daño.>>

Me dijiste

<<Nos lo haremos mutuamente>>

Respondí.


Y no,

llevabas razón.

¿A quien le voy a hacer daño?

Si pido perdón cuando me pisan.

Si soy tan masoca,

que solo hago más que pasar hojas del libro

que elegí por la portada.


🍷🍷🍷🍷🍷

 No te aferres al presente,

mañana será pasado.


No te aferres al futuro,

mañana será presente

y pasado, será ayer.

domingo, 3 de agosto de 2025

 Estoy un poco triste de que haya terminado,

pero feliz porque un día ocurrió.

sábado, 2 de agosto de 2025

Claveles

 El tiempo no tiene cura,

pero todo lo cura el tiempo.

Y, aunque sonó a locura

me pediste un poco de eso.


Y yo te vi vistiéndote,

desvistiendo otros párpados.

Jugando al <<me quiere,

no me quiere>>,

deshojando claveles.


Me la clavaste

y maldigo ese día.

Beber de tu sangría,

solo te corre sangre fría.

Y yo, el frío 

 del hielo del tercer cubata.

 Esta angustia me delata.

 Como al que le dicen que fumar mata,

mientras le da una calada a un piti.


Yo bailando

con sangre en la boca.

Gritando como Juana La Loca.

Como un poema de Lorca.

Un adicto a la coca

que va por el quinto día sin consumir.


¿Y ahora 

quién va a dormir?

Me pican los ojos,

pimienta cayena.

Toca remar.


¿Qué miedo le voy a tener yo al mar,

si he bajao’ al infierno por amor?


Que si, que fue por amor,

pero bajar, bajé.


Bajar, bajé.



 Claveles.

Hola

 Después de 10 años, más o menos, he leído las poesías que subía y… he tenido que ocultar la gran mayoría… Siempre he sido muy sensible y me gustó escribirlo en mi mundo loco e imaginario, pero, ahora lo leo y pienso, ¡Qué loco! Si aún no sabía lo que es amar….


Gracias tío por recordarme la pasión de escribir. Estés donde estés, un beso al cielo.

lunes, 16 de mayo de 2016

Caras tristes,

 Que pequeña es esta ciudad
y que altos son los rascacielos,
que me siento minúsculo entre las venas de las calles.
Hay tantos rostros congelados,
algunos con una pequeña chispa de esperanza
pero se encuentran abatidos sobre las frías aceras.
Cada minuto entiendo menos lo que sucede,
parece que la prisa conquista las piernas de todo individuo,
es como si les faltase un pedacito de su corazón.
Son marionetas con los hilos barnizados en órdenes.
como si les fuese la vida en mirar al frente y afirmar con la cabeza.
Como cuando comprendes que las promesas se consumen más rápido que un cigarrillo
o que olvidar duele,
porque es muy fácil recordar sintonías alegres.
Perderse es la mejor idea,
no creo que nadie desease encontrarse aquí.
El frío contagia muecas tristes
pianos rotos.
Sólo quedan vivos aquellos con el corazón de oro,
ni de acero ni bajo cero.
Sólo quedan aquellos que escriben que será para comida,
aquellos que adornan las calles con colores y no con señales que son mandatos.
Aquellos que piden la hora y dan las gracias,
aquellos que dan los buenos días aunque el suyo haya empezado como una mierda.
Aquellos que cruzan miradas y no la carretera,
esos, serían los supervivientes,
los héroes y heroínas de la ciudad, del mundo.
Pero sobretodo sobreviven los que cierran los ojos y caminan sobre el asfalto,
aquellos capaces de escuchar alegres sintonías tras el ajetreado pitido de los coches.
Queda intacto quien se atreve a soñar,
quien defiende el amor,
queda libre aquel que se cae y se levanta,
queda ileso quien quiera sonreir,
pero sobretodo, quien sepa lo que quiera.

lunes, 14 de marzo de 2016

Bohemia

Dicen que todos necesitamos un poquito de sur para ver el norte,
pero como siempre nado a contracorriente, yo me vine al norte para apreciar el sur.
A veces echo en falta los consejos de mi madre e intento parecerme a ella cada día con alguna muletilla nueva,
las veces que mi padre puede repetir que coma al cabo del día porque estoy muy delgado,
la familia, o los amigos de siempre que te abrazan cuando notan temblar tu corazón.
A veces pienso que no soy tan fuerte como pensaba, a veces caigo y me desoriento, como ese pitido tan suave y fino que al escucharlo te desorienta.
A veces vuelvo a ser yo y necesito uno de esos abrazos o algún consejo, y me acuerdo de como sonríen al verme feliz, de como sonríen aun teniendo kilómetros de por medio.
Quizás sean esos pequeños momentos de bajones que te da por comprar un billete de vuelta a casa.
Pero yo realmente estoy bien donde estoy, y de todo lo que me he ganado aquí, lo único que a veces necesito más sur que norte, un poco más de calor, y eso es difícil de entender cuando no estas lejos ni has vivido algo simultáneo.
Pues a veces hay que irse para volver, la vida misma es así, es aprender que no vas a aprender nada.
Pero todos necesitamos también unos minutos así, pararte a pensar y controlar las pulsaciones, entrar en estado melancólico, pues la melancolía es el placer de estar triste, así te encuentras más rápido de donde estás, y de que manera brilla hoy el sol.