Elegí el libro por la portada
sin leer el prólogo.
Nunca imaginé que la trama fuera
la guerra.
Eché un vistazo y
pasando las páginas
me corté el dedo.
Empecé a sangrar
y a sangrar,
y a sangrar,
y a sangrar…
Una línea recta
sobre una geometría dactilar,
que rozaba cada hoja
con mimo y ternura.
Tenía hambre,
para que luego digan que no se come por
los ojos.
La herida que
no supura ni sutura, no dejaba de escocer.
Contra más sangro,
más ansia de leer.
Y noto que
tengo la mano fría.
Noto tu boca
contra la mía.
Yo que te iba a hacer santería,
de noche y de día.
Leyendo tus alegrías.
Tus peores versiones,
la monotonía.
Prosa y verso,
beso. ¿Ves eso?
Una mano llena de cortes.
No me puse guantes,
(que ya no soy el de antes).
Porque el tacto que,
aún sabiendo que es venenoso,
me volví adicto.
Como cuando pruebas por primera vez el pecado.
Tu la serpiente,
yo Eva a su lado.
La manzana a bocados.
<< Te voy a hacer mucho daño.>>
Me dijiste
<<Nos lo haremos mutuamente>>
Respondí.
Y no,
llevabas razón.
¿A quien le voy a hacer daño?
Si pido perdón cuando me pisan.
Si soy tan masoca,
que solo hago más que pasar hojas del libro
que elegí por la portada.