sábado, 15 de agosto de 2015

Siglo (Veinti)uno

Hoy no traigo poesía, ni prosa y verso.
Hoy para mí es día de reflexionar, pues, a cada paso me doy cuenta del retroceso de la sociedad, aquí y en cualquier parte del mundo.
No me puedo creer, sumergidos en pleno siglo veintiuno, como se pierde tan fácilmente el respeto y como la gente deja desvestir sus derechos, sin trabas y en su mayoría sin enterarse de las causas ni del momento que se desnudan.
Todavía sigue siendo la violencia un recurso ante la incomodidad o la provocación, simplemente porque una Persona, nótese en mayúscula, sea diferente a un colectivo.
Las amenazas, van de la mano de la violencia, o simplemente etiquetar a una persona sin sabiendas.
Me da que pensar si el ser humano carece de cordura o no, porque estés donde estés siempre habrá algún daño moral rebelde a la ética.
Espíes donde espíes encontrarás,
un estudiante sufriendo bullyng,
un homosexual apaleado,
un adolescente anoréxico,
un anciano desahuciado,
una familia en paro,
un enfermo sin planta médica
y una burla racista,
por no seguir chequeando la lista.
Que yo no soy nada pesimista y nunca quemaré mi bandera, pero a veces te da que pensar nuestra sociedad que da importancia a algo de mínimo valor o ni siquiera valora nada.
Y a la vez,
el mundo sigue girando.

jueves, 6 de agosto de 2015

El Tren.

Marcamos aquella despedida con un beso,
el tren de las nueve y cuarto se acercaba
y ya no sabia si volvería a verte.
El viaje de vuelta fue una pesadilla,
ojala me hubiera dado tiempo a darte un último beso,
pero es que el tiempo esta vez no estaba a nuestro favor,
y claro,
como todo,
me suelen salir mal las cosas.
Prometimos hablar de vez en cuando,
pero ya entiendes la distancia,
y si no la entiendes es
porque no tienes un diamante lejos.
Y no es que a ti te quiera de verdad
porque nunca me diste motivos
aunque creí que algún día me los darías,
ya me entiendes,
yo y mi inmadurez con las pequeñas cosas,
disculpame.
Pero para estos temas aún no he sacado la cabeza del pozo al que acudo cuando genero mi propia tormenta
en algún rincón de mi cajita de porcelana,
que algún día romperé por ser tan ingenuo.
Y he aprendido que,
a veces,
el orden de los factores si altera el producto,
yo te deseo,
tu le deseas,
el te desea
y yo
me deseo
no
ser
tan
subnormal.