Noviembre,
frío,
las hojas más débiles se sueltan de la mano porque no pueden más
y yacen en el frío suelo de la ciudad.
Los más astutos se resguardan en sus casas
para calentar un rincón en un escalofrío de su alma.
Noviembre,
para algunos melancolía,
corazones bajo cero,
sumisión al clima,
época de desamor.
Y notamos como el tiempo
es fugitivo de nuestras manos
porque se consume antes que un cigarrillo,
fantasma perdido.
Pero he de decirte que,
Noviembre para mí
fue y es distinto,
y cada día con el más especial,
porque para mí
empezo a brillar una luz
que me calentaba todos los días,
que me ofrecía su mano
cuando sólo veía puñales,
que me resguardaba entre sus brazos
cuando aparecían las peores tormentas,
y me hizo perder la cabeza,
pero de verdad.
Y mi luz está cerca siempre, a cada mes,
y me sigue alumbrando, hoy, Noviembre,
brindando por cada anécdota de aquel mes y de todos,
compartiendo cigarro y copa
como cada día.
Y menos mal, rayos, que estas ahí
en nuestro mes,
alimentándonos con palabras
porque tocarnos nos es imposible
cuando estas a dos autobuses de tu casa
y sientes el calor de la luz.
Te quiero, Noviembre.
