Y nunca tuvimos vergüenza para cometer locuras, para equivocarnos y borrar las cuentas. Ví como cada uno se acercaba, como disimulaban llenar un vacío inexistente por aquel entonces y cuando todo iba a estallar por la emoción, se marchaban. Y así, así todos los días, simultáneamente, entraban y salían de mi habitación, creandome ilusiones poco verdaderas y originándose ese vacío que por aquel entonces solo era una metáfora. Dicen que es mas fácil juzgar a los demás, por eso nadie se juzga a sí mismo.
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